Estaba yo durmiendo en mi pieza. Tenía como 18 años. Mi sueño era tranquilo hasta que empecé a sentir unos ruidos. Eran helicópteros. Y luego aviones de guerra. Y pasaban bajito por encima de la casa con un ruído infernal. ¡¡¡¡Brrrrrmmmmm!! Pasaba uno. ¡¡Brrrrrrmmmmm!! Pasaba el otro. Y de pronto empezaron a tirar bombas. ¡¡¡¡Boomm!!! ¡¡¡Mierda estamos en guerra!!!!! Yo me acuerdo que me retorcía en la cama y me tomaba la cabeza como tratanto de protegerme. Hasta que sentí a mi mamá en la pieza de al lado que estaba abriendo las cortinas. ¡Conche mi madre! Tiré la ropa de cama para atrás, me tiré de guata al piso y en punta y codos me empecé a arrastrar a la pieza de mi mamá. ¡Las bombas seguían cayendo y yo cada vez me desesperaba más! Crucé mi puerta, llegué al pasillo y siempre arrastrándome empujé la puerta con mi brazo izquierdo. Avancé un poco más y veo a mi mamá ya con las ventanas abiertas de par en par y empujando las persianas para abrirlas.
¡¡¡¡¡AGÁCHATE CONCHETUMADRE!!!! le grité...
Mi mamá se dio vuelta y me quedó mirando con cara de ¿qué te pasa weón?
Las bombas ya no eran bombas. Eran las piedras de la casa que habían demolido en la esquina y que las estaban tirando a un camión. No estábamos en guerra. Yo estaba soñando. Yo me tiré en punta y codos como weón, dormío y soñando.
Me paré y me fui a bañar.
4 comentarios:
Ja... esa historia es muy buena...Por suerte la escribiste en el blog porque es para contársela a los nietos y cuando uno está viejito la memoria falla...
JP jajajaja
Es que no podí ser tan fantástico y, más encima, sonámbulo
jajajaja
Puta que excelente historia..., no puedo creerlo,jajajaja y tan finito para tratar a la madre...
Buenísima!!!!
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